El pasado 23, a media tarde y convenientemente peripuestos y tal,
cogimos el hato mi parienta y yo y nos plantamos en un santiamén en
Mérida, la capital del Imperio extremeño. El motivo era más que
atractivo, pues se celebraba, por primera vez en la historia de la
Educación en Extremadura, un homenaje colectivo, institucional,
propiciado por la Consejería de Educación, a todos los profesores y
maestros extremeños que se jubilaron al final del curso pasado. Y entre
ellos, mi querida Pili. El acto se celebró en el moderno Palacio de
Congresos de Mérida, en un paraje bellísimo, en la margen izquierda del
Guadiana y a un tiro de piedra del Puente de Lusitania o de Calatrava.
Las vistas nocturnas eran, sencillamente, espectaculares. Por primera
vez, se hacía justicia de forma global, tanto a los maestros como a los
empleados de la administración y servicios, después de 30, 40 ó más
años de servicio a la Educación y a la infancia en nuestra Región. El
Palacio, con un llenazo total, impresionaba, con sus cerca de mil
personas abarrotando las butacas. En la zona central, con sus nombres
en las cabeceras de los asientos, los homenajeados, y alrededor,
dándoles calor y cariño con su presencia, cientos de familiares,
allegados, amigos, inspectores y equipos directivos venidos de toda la
Región. En tres grandes pantallas se iban visionando las fotografías de
muchos de los allí presentes, mientras una orquesta de cámara ponía el
punto distinguido a las imágenes. Pero la emoción subió de forma
incontenible cuando se proyectó un documental sobre el ayer y el hoy de
nuestras escuelas, de nuestros niños, de sus actividades, de sus
maestros... Desde la década de los 30 en adelante pudimos ver escenas
en blanco y negro de las escuelas de antaño, con sus penurias,
carencias y estrecheces, por la que pasaron, como alumnos, muchos de
los que allí estábamos, ahora ya maestros y maestras jubilados o a
punto de serlo. Imposible no recordar con emoción a nuestros antiguos y
beneméritos maestros, nuestras vivencias escolares, los amigos y
compañeros de curso, los que ya nos dejaron... Escenas que, sin
solución de continuidad, al llegar a los 80, 90 y nuevo siglo, ya en
color, presentaban los avances y nuevas tecnologías imperantes en las
aulas actuales de Extremadura, como el uso de los ordenadores.
A
continuación fue entregado un recuerdo simbólico a cada maestro y
maestra presentes --¡un reloj Viceroy, como los que exhiben
publicitariamente los mismísimos Julio Iglesias, Alejandro Sanz y
Bisbal!--, siendo llamados individualmente, por sus nombres, entre el
clamor de los aplausos de la concurrencia, que no dejó de aplaudir en
ningún momento. Hermoso gesto de solidaridad y compañerismo, que empapó
todo el acto. Después vino el discurso --sencillo, emotivo, bien
trazado-- de la joven consejera de Educación de la Junta, Eva María
Pérez López, donde sobresalió una palabra que repitió con orgullo y
bien alto: ¡Gracias! Pero también lanzó la idea de que, junto al
merecido descanso, hay que seguir en activo en otros ámbitos de nuestra
sociedad y de nuestra cultura... Que hay mucho por hacer... ¡Aquella
música me sonaba, amigos!
Tras
la foto de familia de los 180 homenajeados, nos fuimos a saludar y
abrazar a los muchos amigos y colegas que por allí andaban, entre
profesores y sus acompañantes, entre ellos algunos a los que hacía
tiempo no veíamos. Entre ellos, Bartolomé Díaz Díaz, de Campanario,
ilustre investigador de las cosas de La Serena, y César Díez Solís,
otro maestro comprometido, alcalde que fue de Hornachos 16 años, y
actualmente en puestos de responsabilidad en el Partido Popular a
nivel regional. Entre tantos saludos y abrazos hubo tiempo para visitar
una exposición de la Escuela vieja o tradicional, con un buen número de
mesas, bancos, pupitres, libros y material escolar de épocas
pretéritas. De museo, pero con un material perfectamente reconocible,
porque todos, especialmente los más mayores, habíamos visto cuando
niños. Un museo pedagógico-histórico en toda regla. Finalmente, el
millar de asistentes fuimos obsequiados, en la planta baja del Palacio,
con un vino de honor, servido de forma generosa con toda clase de
viandas y bebidas. El tinto que sirvieron, Ribera del Ruecas, de
Trujillanos, manifiestamente mejorable. Le puse un NM (Necesita
Mejorar). Pero, en general, el detalle gastronómico estuvo divinamente
servido, terminando con una chocolatada con perrunillas y roscas fritas
del lugar. Tres horas después de la llegada, satisfechos y agradecidos
por haber participado en un acto tan bonito, completamente de noche ya,
recogíamos el hato y enfilábamos el camino de regreso a nuestros lares
en Badajoz, no sin sortear con dificultad la salida del escalextric
vial, falto de iluminación a esas horas y con dificultades para acertar
con la salida correcta.
Pues,
nada, mi enhorabuena a la mandamás de Escuelas y Maestros en
Extremadura, doña Eva María, hija de maestros, por cierto, por lo
acertada de la idea de este homenaje. Aunque se haya tomado de otra
similar que se viene poniendo en práctica en Andalucía. Que las
imitaciones, si son buenas, merecen la pena. Y una observación: que
para ediciones venideras se puede incorporar al final la intervención
de un representante de los profes jubilados, que dé, en nombre de todos
y en unos minutillos, sus impresiones y su valoración del acto. Y
puestos a dar ideas nuevas, doña Eva, podían poner en el guateque final
un vino riberadelguadiana como Dios manda, que el de este año ha sido
de bar de camioneros.