El pasado 22, coincidiendo precisamente con el nombramiento oficial de
Angela Merkel como nuevo canciller de Alemania, hubo una fiesta de
confraternización en casa del Avisador. ¿Celebrando lo del cambio del
antipático Schroeder por la rubia Angela? Pues, no, señoras y señores.
Curiosamente, ese día nos visitaba un amigo de la familia,
especialmente de mi hijo Pedro, Michael Duttle, Micha (pronúnciese
Mija) para los más allegados. Un estudiante de Erasmus que estuvo el
pasado curso en Badajoz, en la Universidad de Extremadura, y que, dada
su afición al balonmano, se enroló en las filas de la APB, Club que
dirijo, y ayudó, ¡de qué manera! a que nuestro equipo de 2ª División se
proclamase campeón de Liga y jugara la fase de ascenso a Primera. Ya de
vuelta en Alemania y pasados unos meses, Micha ha tenido el buen gusto
de volver a visitar a sus amigos de Badajoz, especialmente a Pedro, que
era presisamente su entrenador. Y el martes convinimos en invitarle a
una cena en casa, donde la señá Pilar preparó un surtido de ibérico que
por poco hace que el alemán se desmaye. Micha, buen conocedor de las
costumbres españolas (comidas, horarios, siestas, etc.) estaba
encantado de haberse conocido. Pero junto a los buenos platos de los
productos del cerdo ibérico (jamón, lomo, salchichón, chorizo, paté de
Jabugo y caldillo o cachuela) no podían faltar el queso de la Serena
(una señora torta de Campanario), el vino riberadelguadiana (para la
ocasión, un tinto crianza Real Provisión, de Los Santos de Maimona),
las clásicas machaítas y ¡unas cervezas de trigo alemanas! Y conocidas
por Erdinger y Schöfferhofer (¡vaya nombrecitos!). ¡Y es que, con esto
de la globalización, en El Corte Inglés tenemos a mano casi todo! El
mozo germánico aprovecho la ocasión para darnos una lección de cómo
escanciar la cerveza de trigo en las inmensas copas en que se
sirvieron. En dos maniobras, vaciaba la botella y llenaba hasta arriba
su copa, en tanto nosotros necesitábamos varios viajes, porque la
llenábamos enseguida. Y es que la experiencia es la madre de la
ciencia. Yo aproveché el fiestorro y me metí entre pecho y espalda dos
botellines de la famosa cerveza de trigo Franziskaner, la del orondo
monje de Munich, biblia..., digo, jarra en mano. Pero lo bueno estaba
por llegar, porque con los platos casi acabados que llega la patronal y
anuncia que pone ¡cochinillo al horno! Los ojos del alemán brillaban
como si estuviera en la gloria. ¡Pues venga ese cochinillo, que habrá
que sacrificarse! ¡Que un día es un día! Y allí me veo al mozo teutón
darse un homenaje de cochinillo, relamiendo hasta el rabo. Exquisito. Y
es que en Casa El Avisador, la cocinera, que aprendiera el oficio de su
abuela, que lo suyo es la comida mediterránea, se sabe casi todos los
trucos y cocina que da gloria. Cinco tenedores. Que si lo sé yo, amigos.
Acabamos a duras penas con el guarrino, no sin antes hacernos doscientas fotografías del encuentro
gastronómico. Hay que llevarse recuerdos del momento a Alemania, para que los vea la familia.
Llega
la hora de la despedida y la mejor forma de hacer presente esta tierra
a un huésped tan distinguido como Micha, Casa Montero le hace entrega
de una torta de Campanario y tres botellas de vino, todo
convenientemente preparado y empaquetado para viajar en avión. Para que
los prueben en casa, que a sus padres les gustan también los productos
extremeños, que ya conocen de visitas anteriores. Los vinos son un Real
Provisión, un Privilegio de Romale y un vinho verde portugués que tenía
en mi bodeguilla. Casi se queda sin habla el buen mozo y nos da las
gracias, entrecortadamente, en un español correctísimo. Y, en
correspondencia a nuestra hospitalidad, nos dice que nos invita a su
tierra, que seremos bienvenidos en su casa, en Alemania. Que tenemos
las puertas abiertas para cuando queramos. Y sabemos que lo dice de
verdad, que ya estuvo Pedro en su casa hace unos meses y lo trataron
como a un hijo.
Hasta cuando tú quieras, Micha, amigo. Buen viaje y que
os aproveche lo nuestro. Que ha sido un placer tenerte unas horas en
Badajoz.
¡Viva Alemania! ¡Viva España! ¡Viva la amistad
hispano-germana! ¡Viva la cerveza rubia alemana! ¡Vivan el ibérico, los
quesos y los vinos extremeños!