Ayer sábado, sabadete, a mediodía cogimos mi parienta y yo el toli
y, sin que tuviéramos que pensarlo dos veces, el imán que parece tener
el Casco histórico de Badajoz, nos llevó irremisiblemente a la zona más
noble de la ciudad. Pero el caso es que fuimos miles los ciudadanos de
todos los sitios, edades y condición social los que íbamos en la misma
dirección. La atracción era irresistible y el gentío acudía por las
calles aledañas, con lo que el "tubo" de San Juan parecía que iba a
reventar. Tal era el número de personas que allí nos congregamos. Y es
que había un doble motivo: se celebraba el tradicional Mercado de
Antigüedades y Artesanías y, al mismo tiempo, se abría orbi et orbe
la Feria de la Tapa, esta vez en su tercera edición. Y el tiempo,
soleado aunque algo fresco, acompañaba. Los puestos y tenderetes, a
tope, oiga, no cabía un alfiler. Y el de castañas, en la mismísima
esquina del Rastro, con colas larguísimas, que había que pedir la vez.
Lo primero que uno se encontró es a una castañera de mentirijilla
sentada a la puerta de los antiguos almacenes La Paloma, con una
cestita al lado. Viendo su interior, ¡tenía de todo para hacer
casamientos!: castañas, higos y nueces. La cosa se estaba ambientando
ya.
Siguiendo por la calle de San Juan, tiempo hubo para saludar al
personal y a los muchos amigos que iban a lo mismo y a un personaje
popular donde los haya, Fini Espada, con un puesto de ¡navajas! a la
puerta de su tienda. Navajas de todos los tamaños, facturas y precios.
Fini, con su inconfundible móvil colgado al cuello, qué estampa más
peculiar. Parada obligatoria, saludos y a preguntar cómo va el día.
Pero enfrente, en Marionnaud, la tienda de los Mendoza de toda la vida,
que veo lo que nunca he visto por estos pagos: una señorita de la
tienda, en la misma puerta, está... ¡ambientando la la entrada y la
mismísima calle de San Juan con un perfumador!
--¿Y eso?, inquiero.
--¡Para que huela bien!, ¿quiere usted que le eche?, me dice amablemente.
--¡Eche, eche, sin miedo!
Y allí que me pone tupío de arriba abajo. Con perfume de los
caros, oiga. De la marca Xeryns de Rouge, del París de la France. Y que
me quedo como un Don Luis, oliendo a flores y a pradera salvaje del
Caribe. ¿Serán cosas del Jacinto Mendoza, el baranda de Marionnaud,
para impresionar a la clientela?
Seguimos la ruta, a codazos casi, con grandes dificultades, y hay
tiempo también para ojear los puestos de libros viejos, artesanías,
cuadros, regalos y el que tiene el dibujante Cardín, frente a la
Concepción, donde nos atiende el simpatiquísimo Víctor, su hijo, con
besos, abrazos y tal. Sus cuadros a plumilla, con motivos monumentales
del todo Badajoz, se venden como rosquillas. Y a precios, de antes del
euro.
Después de aguantar a tropecientos vecinos que vienen en dirección
contraria, conseguimos salir sanos e indemnes y llegamos, ¡por fin! al
puesto de castañas de la esquina del Rastro. Cola de impresión, hay que
pedir la vez. El señor Joaquín, el castañero, con su familia, están
repartiendo castañas asadas a diestro y siniestro con humor y simpatía.
Unos 200 kilos están siendo repartidos en unos cucuruchos de papel
periódico.
--¡Esto es tan antiguo como Badajoz!, vocea el castañero a la concurrencia.
--¡Somos los Reyes Magos, venimos de año en año!, vuelve a
canturrear el hombre que, hoy, precisamente, abre la "temporada" con su
puesto junto al Ancla de El Corte Inglés, al final de la avenida de
Huelva, frente a la Dulcería y Panadería Ansorena.
Con las calentitas entre las manos, nos damos un homenaje para
recuperar el resuello, en tanto subimos como podemos por la calle
Zapaterías (Moreno Zancudo), donde hay puestos a la izquierda y a la
derecha. Llegamos a la plaza Alta y aquello está sembrado de puestos y
de gente que curiosea de aquí para allá. Con la cámara, aprovecho que
las Casas Coloradas están a punto de reinaugurarse y que las cigüeñas
están anidando en la magnífica Torre de Espantaperros, para tirar no
menos de cien fotos. Muchas antigüedades, mucha morrallina y la gente
que pasea, mira y vuelve a mirar. Pero comprar, lo que se dice comprar,
llevarse la mano a la cartera y coger algo, la verdad es que veo poco.
Pasadas las dos de la tarde volvemos sobre nuestros pasos y los puestos
empiezan a recogerse. Ya puede uno moverse con holgura. La gente,
llegada la hora del aperitivo, se está dispersando por el entramado
callejero del Casco Antiguo y los muchos bares, cafeterías,
restaurantes, mesones y tabernas del lugar se está llenando de
personal. Ha llegado la hora del ritual gastronómico de las copas y las
tapas. Tiramos del folleto anunciador y vemos que tenemos dónde elegir:
hasta 21 locales "oficiales" están inscritos en la Feria de la
Tapa para acoger a los hambrientos y sedientos ciudadanos. Y eso sin
contar el resto, que también están disponibles, pero por su cuenta.
Vemos que, a nuestro paso, todos están a tope, abarrotados, y nos
cuesta trabajo encontrar una mesa en el Gran Café Victoria y en el Bar
de Pepe Jerez. Y cuando la encontramos, el servicio está derrotado y te
dice que no da abasto y no te pueden atender hasta las tantas. Todos
queremos probar la exquisitez de las tapas de cada lugar, que los
precios son muy razonables: tapa "estrella" del local, con una bebida,
1,80 euros. Y surtido de tapas, entre tres y cinco, a cual más clásica
u original, más la bebida, 6 machacantes. Y que nos vamos al Bar
Restaurante La Ría, donde encontramos, milagrosamente, un hueco en la
barra. Y allí que nos atiende el mismísimo Isidoro Aguado, el dueño,
que no para de trabajar. Pedimos el surtido de marras, con 4 tapas, 4:
pimientos rellenos de tortilla de patatas, ternera en su jugo con
champiñones, ensalada de pimientos rojos con atún y huevos y chipirones
a la riojana. Todas ellas de impresión, servidas en un inmenso plato. Y
de acompañante, un buen vino de Tierra de Barros, un tinto
riberadelguadiana, Vallarcal, de Fuente del Maestre. A. R.,
naturalmente. Repetimos las copas y, a la hora de pagar, le sacamos dos
tarjetones --pasaportes populares-- para que nos sellen nuestro paso
por este lugar. Lleva seis casillas y hay que sellarlas en otros tantos
locales, para que indiquemos al final del recorrido cuáles han sido las
mejores. Pues nos "sacrificaremos" y les haremos una visita, que hay
tiempo para todo (hasta el 4 de diciembre), "santuarios"
gastronómicos que visitar y tapas nuevas que llevarse a la boca. ¡Esto
no es una Feria de la Tapa, esto es un Paraíso gastronómico! ¡Y con la
Catedral, el Ayuntamiento, el Palacio Arzobispal, la Ermita de la
Patrona y otros lugares emblemáticos de Badajoz al lado! ¿Hay quién dé
más? ¡Nos vemos en la Feria de la Tapa, amigos!