1 de Noviembre, 2005
Exposición de dibujos sobre el mundo rural español
En la sala de exposiciones de la Diputación Provincial está abierta una muestra de Dibujos y gráficos de humor con el medio rural como leiv motiv. Por allí aparecen expuestos 101 cuadros con dibujos y viñetas de los mejores humoristas gráficos españoles, conocidos por sus chistes en los periódicos y revistas españoles de mayor tirada: Chumy Chúmez, Perich, El Roto, G. Summers, Cebrián, Gila, Dodot, Abelenda, Martín Morales, Mingote, Ricardo y Nacho, Romeu, Sir Cámara, Idígoras y Pachi, Martín Morales, Mena, Peridis, Forges, Ripa. Ulises, Siro, Ramón, etc., etc. Lógicamente, aunque son todos los que están, no están todos los que son, echando de menos a dibujantes extremeños como Larrey, del HOY, que saca diariamente una viñeta en la contraportada del periódico, siendo sus personajes preferidos gente del común y del mundo agrario extremeño, con sus campesinos y lugareños de toda la vida, con pantalón de pana, gorra o boina y cigarro en la comisura de los labios. ¡Como siempre, amigos! ¡Como Larrey no publica en El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, La Razón, El Periódico, etc., es como si no existiera! ¡Pues aquí en Extremadura también tenemos humoristas gráficos, y de los buenos, oiga! La Exposición la organiza (que le vendrá organizada, por la ausencia de Larrey) por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Extremadura, cuya profesión celebra este año, precisamente, su 150 aniversario. Habrá que hacerse con el Catálogo antes de que se agote. La muestra estará abierta, en horas de visitas del público, hasta el 6 de noviembre.
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Día de Difuntos en Badajoz. De cementerios, tumbas y epitafios
Con ocasión del Día de Difuntos y el de Todos los Santos, bueno es recordar a cuantos nos precedieron y duermen el sueño eterno en nuestros cementerios. Allí reposan, mayoritariamente y por encima de particularidades personales y familiares, todos aquellos que hicieron posible Badajoz, nuestra ciudad, los que trabajaron toda una vida por conseguir el desarrollo material, social y espiritual que todos disfrutamos hoy día. Vaya, pues, nuestro recuerdo, nuestro agradecimiento, nuestra oración y, en mi caso, el articulillo adjunto.
DE CEMENTERIOS, TUMBAS Y EPITAFIOS
Cuando el apacible y, en ocasiones, lluvioso otoño extremeño entra en su crepúsculo, en tanto en los lagares se trasvasa el vino de la cosecha reciente y en el campo se inician las podas de las cepas, con los castañeros y castañeras ocupando las esquinas del entramado urbano, en estas vísperas de Todos los Santos y Difuntos, los cementerios locales se convierten en los lugares más concurridos de nuestros pueblos y ciudades. Siguiendo una secular costumbre, la sociedad extremeña, al igual que tantas otras de cultura y tradición cristianas, desacelera por unas fechas el ajetreo de su vida cotidiana para volver los ojos y el corazón a sus difuntos. Tiempo para la añoranza, las lágrimas, las oraciones, los cirios encendidos y las visitas a los cementerios. Tiempo que, hasta épocas no lejanas, las mozas aprovechaban para estrenar tabardos, chaquetones y gabardinas para guarecerse de la lluvia y el frío incipiente y donde los más viejos del lugar contaban tremebundas historias de muertos y aparecidos ante los espantados ojos de los más pequeños de la casa. Tiempo, también, en que los muchachos se iban a comer los “tosantos” al campo o junto a las tapias del cementerio, en tanto al llegar la noche los adultos asistían a las representaciones del clásico “Don Juan Tenorio” en los teatros de cada lugar.
Por unos días, y de forma colectiva y simbólica, el mundo de los muertos, el mundo de las generaciones que nos precedieron y duerme el sueño eterno, parece renacer entre signos que nos hablan de vida y esperanza en el más allá. Por unas fechas, la muerte se nos aparece llamativamente oculta, enmascarada, vencida. De esta forma, el trauma que produjo en su momento la desaparición de los seres queridos queda amortiguado con esta efusión de vitalidad, de calor humano, y, siguiendo a la tradición cristiana, de fe y esperanza en la resurrección y la vida eterna. Tras la catarsis funeraria, el mundo de los vivos volverá a recobrar su pulso para seguir afrontando con mayor armonía el torbellino de lo cotidiano.
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A caballo entre los meses de Octubre y Noviembre, aprovechando los fines de semana y los dos días "'fuertes", el 1 y el 2 de Noviembre, fiestas de Todos los Santos y Difuntos, respectivamente, los badajocenses acuden en masa a los dos cementerios municipales de la ciudad. Suelen ir en grupos reducidos o familiares, generalmente en coche, tomando la mayoría el camino de la barriada de Llera, paralelo a la carretera de Olivenza, donde a unos dos kilómetros del casco urbano y desde 1839, se halla ubicado el cementerio viejo o histórico, también conocido desde hace pocos años como de San Juan, el Patrón. El resto coge la carretera de Valverde de Leganés, camino del cementerio nuevo o moderno, puesto bajo la advocación de la Patrona, Nuestra Señora de la Soledad, abierto en 1983 y enclavado en terrenos municipales de la finca "El Cedeño", a unos quince kilómetros de la ciudad. Queden para el recuerdo estos datos históricos. En el camposanto viejo, en una lápida enclavada sobre una de sus primitivas puertas, un texto dice: "Mandó construir este cementerio el Ayuntamiento de esta capital del año de 1839, siendo su presidente don José María López", y en el cementerio nuevo, inaugurado el 17 de Octubre de 1983, el primer enterramiento corresponde a don A. M. P., inhumado ese mismo día en el nicho 3 del bloque 5. |
VISITAS Y EXORNO DE LAS TUMBAS
Mayoritariamente enlutados, portan entre sus manos varios ramos de flores y bolsas conteniendo en su interior diversos adminículos de limpieza, como botes de pintura plástica, brochas, paños, cal, pinceles botellas de agua. Asimismo, y para el exorno de los enterramientos, suelen llevar pequeñas imágenes religiosas, crucifijos, floreros, candelabros, capillitas, estampas piadosas y fotografías familiares. Otros grupos se presentan pertrechados de escaleras de mano, cubos y otros utensilios necesarios para adecentar los nichos de las cornisas. El objeto de sus visitas es siempre el mismo: entrar en contacto físico con los lugares donde reposan sus familiares, proceder a la limpieza y ornamentación de nichos, tumbas, panteones y mausoleos para, finalmente, montar vela permanente junto a ellos dedicándoles sentidos recuerdos, lágrimas, rezos y, en ocasiones, estremecedores soliloquios.
Según creencia generalizada, los muertos volvían en esos días para tomar parte en los ritos de fertilidad de los vivos que, con sus excesos biológicos, se reunían para estimular la energía del sol que declinaba. Como tantas fiestas, ritos y cultos de la Antigüedad, el cristianismo aculturó en los primeros siglos la conmemoración "pagana" de los muertos aplicándola, en primer lugar, a los mártires y, con posterioridad, a los santos. .La Iglesia primitiva siempre recordó a sus difuntos, como lo atestiguan las inscripciones de las catacumbas romanas, y ofreció sufragios por ello, siguiendo el consejo bíblico de que "santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de pecados" (2 Mac. 12, 46). La costumbre de celebrar oficios religiosos en honor de un difunto en particular ya existía desde mucho antes que se instituyese la conmemoración de Todos los fieles Difuntos. Según Alban Butler (1969), el primer documento que habla claramente de esta celebración data de mediados del siglo IX, época en que los monasterios empezaron a conmemorar colectivamente, y en diversas fechas, a sus miembros y bienhechores difuntos. A principios del siglo IX, San Amalarico establecía ya una relación entre la fiesta de Todos los Santos y la de Difuntos al anotar que “después del oficio de los Santos puse el de los Difuntos, ya que muchos de ellos no van directamente a reunirse con los bienaventurados del cielo”. La fecha del 2 de noviembre no aparece en el calendario litúrgico hasta dos siglos más tarde, en que San Odilón de Cluny ordenaba a los monasterios de su jurisdicción que conmemorasen en ese día a todos los fieles difuntos recitando el oficio de muertos y celebrando misas de réquiem. |
Ya en nuestros tiempos y siguiendo una arraigadísima costumbre, la Iglesia Católica siente una especial predilección en estas fechas por sus difuntos y reza por ellos porque está firme en la esperanza de la vida eterna. “La oración por los difuntos --asegura el Papa-- es como un combate con la realidad de la muerte y de la destrucción que hacen gravosa la existencia del hombre sobre la Tierra” (Juan Pablo II, 1994). Los templos extremeños se ven concurridísimos de fieles estos días y las misas votivas en honor de la Iglesia “purgante” se multiplican. Según las normas litúrgicas, en el Día de Difuntos el altar no se adorna con flores y los sacerdotes, revestidos de casullas moradas, pueden celebrar hasta tres misas; una de ellas, dedicada exclusivamente en sufragio de los fieles difuntos. En íntima conexión con la fiesta de los Difuntos y en fecha precedente, la Iglesia celebra también una de sus solemnidades más destacadas, la de Todos los Santos. En ella la Iglesia recuerda, por un lado, a cuantos han sido beatificados o canonizados oficialmente y a aquellos cuyos nombres figuran en los diversos martirologios y listas de santos locales. Y, por supuesto, a la miríada de santos anónimos que en el mundo han sido, a todos aquellos conocidos sólo por los hombres o por Dios que, en circunstancias y estado de vida propios, lucharon por conquistar la perfección y gozan actualmente en el cielo de la vista de Dios.
LOS TOSANTOS
Junto a la piadosa costumbre de velar y rogar por los difuntos, otras, más profanas y festivas, perduran en nuestros lares. Ofrecen un marcado acento social y campestre, lúdico y culinario, destacando las salidas al campo en grupos y el consumo de dulces tradicionales y frutos secos. En muchos puntos de nuestra geografía regional, el 1 de noviembre, festivo a efectos laborales y escolares, el personal aprovecha el día para salir a los campos cercanos. Formando pequeños grupos o pandillas, la gente se arremolina alrededor de una buena candela para comer los “tosantos” haciendo "casamientos" con higos pasos, castañas, nueces y, si es menester, bellotas. Los lugares elegidos suelen ser arbolados y parajes tranquilos de las cercanías. Así, en Plasencia, la gente se concentra en "La Isla" y otros lugares próximos, y en Almendralejo, en "San Marcos". En Mérida se desparrama por las carreteras que salen de la ciudad, en especial en las proximidades de Aljucén. y en Badajoz, cientos de badajocenses se desplazan hasta el cercano parque municipal de "Tres Arroyos", a la vera de San Isidro. En este día, en la comarca de Plasencia proliferan las "calbotadas", en las de Mérida y Almendralejo, las "chaquetías" y en muchos pueblos de La Vera, las "magostas". Por lo general, además de consumir los populares "tosantos", es costumbre degustar suculentos platos de tortilla, chuletas, chorizos y sardinas a la brasa, acompañados del rico vinillo de la tierra, cervezas, café bien cargado y, como tónico digestivo, un buen trago de aguardiente, licores autóctonos --de bellota, "gloria", etc.-- o el consabido “cubata". |
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Huesitos de Santo
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DE DULCE
Para rematar dulcemente la fiesta, el personal suele acudir a las principales dulcerías y pastelerías para degustar los afamados "huesitos de santo" y los no menos deliciosos buñuelos de viento. Ambos dulces, de elaboración artesanal, son sencillos de preparar pero algo caros por la demanda. Los "'huesitos" están hechos con mazapán y rellenos de yema y huevo. Los buñuelos de viento tienen gran valor energético puesto que se trata de masa de huevo y harina rellena con crema, nata, chocolate o moka. | | |
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