Pues esta era la cancioncilla de una pandilla de novatos de Magisterio que esta mañana cantaba, saliendo de la Facultad de Educación, camino de otros sitios más abiertos del campus universitario badajocense, vigilados muy de cerca por los veteranos:
¡Qué buenos son
los señores veteranos,
qué buenos son,
que nos llevan de excursión!
--¿Y adónde os llevan?, pregunto con curiosidad a uno de la fila.
--¡Que nos tienen secuestrados, tío!
Pues seguimos con las novatas universitarias, que llevamos un par de semanas viendo, cómo al mediodía del fin de semana, bajan en filas ruidosas y jaraneras hacia el centro de Badajoz, en este caso las plazas de Conquistadores, Santa María de la Cabeza, las avenidas de Huelva y de Colón, etc., especialmente aquellas que tengan bares y cafeterías bien cerca.
Ya he visto cómo se las gastan los de Medicina, los veteranos con sus batas de médico y los novatos (los de primer curso) disfrazados de las cosas más peregrinas que se les ocurre a los veteranos. Durante unas tres semanas tendrán que realizar una serie de pruebas jocosas y divertidas, aunque a algunos les pueda parecer duras y degradantes, tiempo en que deberán superarlas antes de entrar de pleno derecho en la vida universitaria como estudiante de tal o cual Facultad. Son los ritos de paso, uno más, de los muchos que nos acompañan en la vida, en nuestra cultura, desde que nacemos hasta que morimos. Ceremonias o celebraciones comunitarias mediante las cuales se marca, se señala, un cambio de estado o posición social. Estos rituales, en ciertos momentos críticos de nuestras vidas, suelen ir acompañados de muchos fiestorros, donde nunca pueden faltar la comida y la bebida, muchas veces de forma excesiva y pantagruélica. Como en los bautizos, donde los neófitos pasan, tras la recepción de las aguas, a tener nombre y apellidos, a ser alguien en la comunidad donde vive, en las primeras comuniones, bodas, despedidas de soltero-a, con fiestas de hombres y mujeres, por separado, cargadas de erotismo y desparpajo, comida y bebida a destajo. También, en las jubilaciones, ascensos laborales, de currantes a jefazos, elección de un Alcalde, Presidente del Gobierno, etc. Igualmente, cuando un equipo alcanza un campeonato deportivo o asciende de categoría, con baños (bautismo) en las duchas, manteos de entrenadores y presidentes, recepciones multitudinarias frente al Ayuntamiento, los baños (bautismo) de los aficionados en las fuentes públicas, las ofrendas a la Patrona, etc. O cuando a alguien le toca la Lotería, que lo celebra (el paso de hombre pobre o con pocos recursos a hombre rico), con ruidosos festejos, lanzamiento de confettis y serpentinas, descorche de botellas de cava, etc. Hay que celebrarlo como sea, que el resto de la sociedad se entere del cambio de estado o de posición social.
Los alumnos de Medicina, los veteranos, van siempre con bata, el símbolo por excelencia de su profesión, la de médico. Pero los novatos deberán ir vestidos con indumentarias lo más raras y extravagantes posibles, como en Carnaval. Después de tres semanas de pruebas y "putadas" varias, donde los novatos deberán hacer todo lo que les propongan los veteranos (alumnos de 2º, 3º, etc.), pagarles las bebidas, hacerles todos los recados, etc., al final hay una gran fiesta comunitaria en la que todos celebrarán la incorporación de los néofitos al estatus natural de su Facultad: estudiantes con los mismos derechos. A partir de entonces ya todos tienen la misma categoría, pero han debido superar antes tres semanas de pruebas.
Arnold van Gennep, uno de los padres de la Antropología moderna, fue el primero, hace cien años (1909), en denominar ritos de paso a estas celebraciones de cambio y de crisis que marcan nuestras vidas de forma cíclica.