Jaime de Jaraíz, una magífica exposición

Por El Avisador - 30 de Septiembre, 2005, 10:19, Categoría: General

Ayer por la tarde, con una temperatura casi veraniega
todavía, Pili y yo tuvimos la ocasiónde aistir en el
Museo Provincial de Bellas Artes a la apertura de la
exposición de pinturas de Jaime de Jaraíz, uno de los
maestros, una de las figuras clásicas del realismo
pictórico extremeño. Lleno total en las dependencias
del Museo, entrando por la casa-palacio de la céntrica
calle Meléndez Valdés. Autoridades, académicos, gentes
de la cultura local, pintores, escritores, profesores
en activo y jubilatas, periodistas, amigos y
familiares de Jaime, componían un abigarrado mosaico
que arropó a Jaime García Sánchez (Jaraíz de la Vera,
1934) durante todo el acto. Teniendo como marco el
soberbio portón en mármol del histórico Cuartel de
Ingenieros de Badajoz, ya desaparecido --ubicado
originariamente junto al paseo de San Francisco, en lo
que fue después Simago, y derribado en 1972--, hubo
media docena de intervenciones previas. Para mí,
excesivas, sobraban la mitad. Primero intervino el
director del Museo, Román Hernández Nieves, al que
siguió el propio Jaime de Jaraíz, que tuvo la virtud
de de decir las cosas que tenía que decir en apenas un
minuto. Todo un homenaje a la brevedad y a la
síntesis. Intevinieron después Manoli Ambrona, de la
Obra Social de Caja de Extremadura, el director
general de Patrimonio, Francisco Pérez Urban, el
alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, y, cerrando el
acto protocolario, el presidente de la Diputación
provincial pacense, Juan María Vázquez. El detalle
anecdótico lo protagonizaría el alcalde, mejor dicho,
la mujer del alcalde, cuando en pleno discurso, le
llamó por el móvil en dos ocasiones. Miguel supo salir
airoso del trance, como acostumbra, cuando advirtió al
respetable:
--Es que me llama cada media hora para "controlarme"...
Y a la segunda ocasión:
--Pero es que no se cree que estoy aquí...
Las sonrisas pusieron la nota distendida del momento.
A continuación pasamos a ver la muestra, con más de un
centenar de obras expuestas. Qe ocupaban la planta
baja de los Edificios 1 (el que da a Duque de San
Germán) y el Edificio 2 (el que sale por Meléndez
Valdés). Y allí tuvimos ocasión de deleitarnos con sus
retratos, bodegones, desnudos, niños, paisajes y
maternidades, donde destacaba, de forma lujuriante, su
luminosidad. ¡Esos paños, esos objetos que desprendían
una luz vivísima! ¡Y cuántas sensualidades,
transparencias y veladuras que nos recordaban a Luis
de Morales, Zurbarán, Leonardo, Rafael y Botticelli!
¡Qué magistrales acabados! ¡Una gozada total para la
vista y para la ensoñación!
Después de la obligada visita, el Museo invitó a los
asistentes a un refrigerio y allí tuvimos ocasión de
ver y saludar a gente de lo más variopinta. Sobre
todo, se vio la plana mayor de la Academia, con su
secretario perpetuo al frente, Manolo Terrón. También
vimos a Paco Tejada, José María Álvarez Martínez,
Francisco Javier Pizarro, Paco Pedraja, Manolo
Pecellín y el omnipresente Antonio Viudas Camarasa,
con su iseparable cámara de vídeo. Casi para hacer un
pleno de la Academia allí mismo, contando, claro está,
con el mismísimo Jaime de Jaraíz. También estaban
Consuelo Rodríguez, la concejala de la cosa cultural,
Maite Rodríguez, la comisaria de la Exposición, Javier
Bodas, Luis Ángel Ruiz de Gopegui, Manolo Vidarte,
Álvaro Meléndez, María Dolores Gómez Tejedor y un buen
número de pintores, poetas y gente variopinta de la
cultura local.
Al calor de unos riberadelguadiana Nasarat (Bodegas
Santos, de Badajoz, aunque los hay mejores), cervezas
y refrescos a granel, pudimos degustar las suculencias
de la tierra --jamón ibérico del bueno, magníficamente
cortado, quesos, pasta de La Serena, etc.-- en uno de
los mejores lugares del patio interior. Junto a la
salida de los camareros. Los barandas estaban en otra
parte, más alejada, y aquí pudimos hacer tertulia
amigable junto a Álvaro Meléndez, Chema Martínez,
María Dolores G. Tejedor, a los que se unirían más
tarde Antonio V. Camarasa, Fco. Javier Pizarro, etc.
¡Qué casualidad, pero uno de los camareros había sido
subordinado del comandante (honorario) Meléndez! Por
lo que los mejores platos acababan siempre donde
estaban el Meléndez y los amiguetes. ¡Si es que para
todo hay que tener influencias o estar bien
acompañados!
Pero lo mejor vino al final, cuando tuvimos ocasión de
departir a solas con Jaime de Jaraíz. ¡Qué humanidad!
¡Qué sencillez! ¡Cómo le brillan los ojos, si parece
un chaval... con 72 tacos! ¡Qué tipo tan
extraordinario, cuando te dice que lo suyo es componer
piezas musicales! ¡Y a la guitarra! ¡Y que me quería
mandar un disco! ¡Y con un paisano a su lado, con
algunas copas de más, que asentía todo! ¡Que dice el andoba
que es de Badajoz, de la calle Santa Lucía, aunque
ahora vive en Madrid! Con agrado, nos firmó uno de los
programas y, al despedirnos, nos dimos un abrazo como
si fuéramos de la familia. ¡Y no lo conocíamos de
nada! ¡Jaime, ha sido un placer conocerte y tener tu
obra tan a mano! ¡Que Dios te dé larga vida!


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