En la feria de San Mateo, en Elvas

Por El Avisador - 22 de Septiembre, 2005, 13:05, Categoría: General

Ayer, feria de San Mateo en la cercanísima Elvas (a
unos 20 km. de Badajoz), nos acercamos a mediodía para
conocer algo de su ambiente. Llegamos algo más tarde
del mediodía a la gran Explanada del Cristo de la
Piedad, cuando los feriantes comenzaban a
desperezarse, después de la larga noche festiva
anterior. Decenas de tiendas, tenderetes y casetas en
la amplísima Explanada, situada a los pies del
Santuario del Patrón elvense, el Cristo de la Piedad.
Con puestos dedicados a la venta de prendas de vestir,
artículos de regalo y bisutería, móviles, bolsos y
artículos de decoración, loza y cerámica de lo más
vistosa, cuadros y espejos, alfombras y
relojes (miles de ellos, destacando los de tamaño XXL,
especial para jubilatas y cortos de vista) y, como
estamos en
Portugal, puestos de artículos alimenticios,
con sus
afamados melones de piel de sapo, sus exquisitos
jamones, embutidos y quesos de todos los tipos y
marcas. Y un poco más allá, sobre otra explanada más
alta, la zona de atracciones y "restaurantes"
populares. Y entre los feriantes, mucha gente
varipinta, destacando los de tez morena, los
portugueses de Mozambique, Macao y antiguas colonias
lusitanas, amén de gentes de procedencia india y
pakistaní. De película colonial de las buenas, oiga.
Echamos un vistazo a los tenderetes y vemos casi de
todo, eso sí, notándose en el ambiente los peculiares
olores de los guisos de sus puestos de comidas
callejeros. Y después, visita obligada al cercano
Santuario del Cristo de la Piedad, cuyo retablo me
recordó al de la Ermita de Ntra. Sra. de Bótoa,
copatrona de Badajoz. Tanto por el trazado como por
sus materiales, mármol portugués de Borba. Pero lo que
resulta sorprendente es su extraordinario y simpar
Museo de exvotos, anejo a la sacristía. Cientos, miles
de exvotos, también llamados milagros (ofrendas
presentadas por sus devotos en ofrecimiento de una
promesa anterior, tras haber conseguido la curación o
el alivio de sus males) expuestos en unas salitas
anejas y que ocupan ¡tres plantas! Como que los
elvenses la conocen como la Casa de los Milagros. Allí
había exvotos desde el siglo XVIII (de 1720, te dice
la santera), destacando por su importancia y cantidad,
los pictóricos, cuadros pintados con un estilo ingenuo
y sencillo (naif, diríamos ahora), donde se relata,
con un texto en la parte inferior, la curación de
alguna persona por intercesión de este Cristo
milagroso. Y fotografías, miles de ellas, de todos los
tamaños y épocas. Y figuras de cera (manos, brazos,
piernas, ojos, cuerpos enteros...), colgadas también
por cientos. Inenarrable. Hay que ir a verla. Y
llevarse la cámara. Obligatorio. Y como una muestra
más de que esta devoción sigue vivísima en este siglo,
por estas mismas fechas, incluso, tuvimos la ocasión
de ver (y fotografiar, claro) el último exvoto llegado
a la Casa, que venía con su embalaje, una gran caja de
cartón: una figura de cera representando a un niño,
con un lazo azul alrededor del cuello, con esta
escueta leyenda: "20-9-05, Vasco Gomes". No hacía
falta poner más.
Y, después de la visita, con su recogida de estampas,
medallas y programas, otra visita obligada, esta vez a
otro "santuario" no menos importante de la zona: el
Restaurante El Cristo, a un tiro de piedra del Cristo
de la Piedad. Y allí que vemos en su puente de mando
al mismísimo patrón del establecimiento, el
conocidísimo Manuel Mendao, que, a sus 77 años, sigue
como un pincel, genio y figura, y eso que lleva en
este lugar la friolera de 28 años. El local, a esas
horas, casi lleno, de españoles, mayormente, con caras
conocidas. Después del trabajo, se habían venido a
comer a Elvas. El personal tiene de todo para pedir,
especialmente los mariscos, que vienen directamente de
Setúbal. Así que, un día es un día, había que hacerse
otro homenaje, y pedimos zapateira y unas almejas al
estilo portugués, donde notamos el sabor del cilantro.
Lo del bacalao dorado ya está muy visto y en Badajoz
lo tomas casi tan bien como aquí. Y todo, regado con
un buen vino blanco de la casa. Y, ya se sabe,
después, el postre (que los portugueses son maestros
en el arte de la repostería) y un café Delta. El
servicio y la atención al cliente ha mejorado
muchísimo, casi "a la española", conservándose la
peculiar estampa de los camareros entrando con las
piezas vivas para enseñársela a los comensales antes
de prepararlas. De regreso al coche, con un sol
esplendente todavía, con más de 30 grados de
temperatura ambiente, vemos cómo atizan el fuego en
uno de los puestos del lugar. ¡Están preparándose para
asar castañas! ¡Con estos portugueses no hay quien
pueda! ¡No esperan a que lleguen los fríos!
Pero, lo dicho. Tenéis que visitar Elvas. En cualquier
momento y con cualquier excusa. Y no os perdáis la
Casa de los Milagros y el Santuario. Y, si podéis,
entrad por donde podáis admirar el recinto amurallado
vauban, con la ciudadela dentro. Estampa de épocas
pretéritas, pero magníficamente conservada. Como no me
resisto, ahí van un ¡Viva Elvas! y un ¡Viva el Cristo
de la Piedad!
He dicho.

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