20 de Septiembre, 2005

Badajoz, a vista de El Amarillo

Por El Avisador - 20 de Septiembre, 2005, 19:05, Categoría: General

¡Pero qué bien lo pasamos ayer por la tarde, cuando
paseábamos mi parienta Pili y yo por San Juan! Pues
resulta que allí había aparcado, junto a la farmacia
del doctor Camacho, un autobús pequeñajo, de color
amarillo, que estaba esperando que entraran unos
viajeros. Sí, de ésos que tienen un cartel en la luna
trasera que dice "¡Sólo tiene que levantar la mano!".
Y, además, gratis total, oiga. De balde, de valvulina,
de gañote... Y allí que nos metimos también. Con
capacidad para 21 viajeros, íbamos más de la mitad,
cómodamente instalados. Y en esto que arranca el
conductor, Pepe se llama, y bajamos por calle del
Obispo, plaza de Minayo, Pedro de Valdivia, girando a
la derecha por el colegio General Navarro, la plaza de
la Rana, y, cuesta abajo, la avenida Ramón y Cajal.
Torcemos a la derecha por Menacho, ¡qué ambientazo!, a
esas horas repleta de gente que iba y venía con sus
bolsas de las compras, siguiendo por la plaza de López
de Ayala (las Descalzas), Francisco Pizarro y giro a
la izquierda por la estrechísima Meléndez Valdés. Al
llegar donde estaba Radio Extremadura, giramos a la
derecha por Santa Ana, Duque de San Germán y nos
plantamos en la plazuela de la Soledad, con
incontables devotos dentro de su Ermita. Giramos a la
izquierda por José Lanot, iglesia de San Agustín,
bajando por esta vía estrechísima también (decenas de
coches y contenedores de obras a los lados), pero este
autobús puede meterse por todas partes. Torcemos a la
derecha y llegados a la Ermita de Pajaritos, que está recién
restaurada, subimos raudo por la empinada Suárez de
Figueroa, hacia La Alcazaba, dejando a la izquierda el
monumento a Ibn Marwan, el fundador árabe de la
ciudad, y la Puerta de Carros, para adentrarnos de
nuevo en la histórica plazuela de San José, la primera
que tuvo Badajoz. Bajamos por la antigua calle
Mesones, giramos de nuevo por José Lanot y al llegar
abajo, giramos a la izquierda para tomar Joaquín Costa
y embocar en la vieja plazuela de La Cruz, remanso
interior de la bellísima Puerta de Palmas.
Con que seguimos Ramón y Cajal adelante para torcer a
la izquierda por Gómez de Solís, junto al imponente
parque de Castelar. Llegamos a Santo Domingo y tomamos
la estrechísima calle Guardia Civil para desembocar en
el amplio paseo de San Francisco, a esas horas con
decenas de paisanos y pequeñuelos jugando en su
interior, parando junto a Correos. Allí nos paramos y
bajamos.
A todo ésto, el microbús fue parando donde quería la
gente. Para ello le daban a un botón de aviso o,
mejor, decían cosas como ésta:
--¡Pepe, déjame en la esquina!
O esta otra:
--Pepe, ¿me dejas ahí en Santo Domingo?
Y el buenazo del conductor que hacía lo que le pedían
los viajeros. O paraba porque alguien de la calle le
había hecho señas. ¿Será posible?
¡Qué familiaridad de la gente con el conductor, si
parecía de familia! Y es que había gentes que al
entrar saludaban al personal dando las ¡Buenas
tardes!, como si nos conociéramos de toda la vida.
Y la gente, de todas partes, abundando las de edad
madura y de la tercera y Cuarta Edades. Incluidas
muchas gitanas, con sus churumbeles a cuestas.
Esto es un lujo, pasear por tu Badajoz, darte un
garbeo --el nuestro duró veinte minutos-- y, de paso,
admirar los lugares y los monumentos más emblemáticos
de Badajoz. Y ver el trajín de la gente, y tú,
montado. Si es que la próxima vez nos llevamos la
merienda. ¡Y de gorra, colegas! ¡Sin necesidad de
llevar tu coche! ¡Qué bien les vino a muchos de los
que viajaron con nosotros, con sus niños y bolsas a
cuestas! ¡Y a los ancianitos, que ya no están para más
trotes! ¿Y por qué no dejamos todos el puñetero coche
en el garaje o en nuestra calle? ¡Si es que vamos con
coches al Centro hasta para mear, oiga! ¡Qué atraso!
Así que hay que lanzar un ¡Vivan Los Amarillos!
Nosotros, después de la experiencia, vamos a
repetirla.
El conductor, el amabilísimo Pepe, nos dijo los
horarios de este servicio: de 9,30 a 14 horas y de 17
a 21 horas. Pues, nada, mi enhorabuena al servicial
Pepe, y ahora que tengo el Tocho de Autoridades al
lado, lo abro y veo que el baranda de los autobuses
amarillos es Alejandro Ramírez del Molino, ¡el
boticario del pueblo, ese ya madurito pero bien
plantado, con sus camisas y corbatas de El Corte
Inglés! Pues, enhorabuena también, señor boticario. Y
a los currantes de TUBASA, la cía de los Transportes
Urbanos de Badajoz, lo mismo.

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