9 de Septiembre, 2005
¡El Avisador con Tempranillo!
Pues no se trata de andar con malas compañía, como los famosos bandoleros del XIX José María El Tempranillo, El Pernales y Los 7 Niños de Écija. Que no y que no. Que se trata de un buen amigo de Almendralejo, el maestro pintor Isaías Carrasco, que ha tenido el detalle de obsequiarme con tres botellas de vino tinto salido de la uva "tempranillo", variedad española de una de las cepas que da los mejores vinos tintos de España. Las botellas llevan la marca Privilegio de Romale, de las Bodegas de doña Antonia Ortiz Ciprián (Almendralejo), dos son de crianza y una de reserva (cosecha del 98). Así que me tomaré una copichuela a vuestra salud, ahora que tengo tiempo y antes de que nos pongan la Refinería en esta comarca.
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De los nombres de Badajoz
El nombre de Badajoz, al igual que otros topónimos de pueblos y ciudades en España, tuvo diversas vicisitudes en el correr de los tiempos hasta tomar su denominación actual. Según destacados cronistas y historiadores locales (como Nicolás Díaz y Pérez y Alberto González Rodríguez), que detectan no pocos errores en las primeras épocas, Badajoz fue la Pax Augusta, la Pax Julia, la Civitas Pacis, la Badía de los romanos. La Basgati o Basgatia, de los visigodos. La Batalyaus, la Bathalios, la Baladaix, la Baldallaloz, la Bedeb-Cold (Ciudad de la paz), la Beledajors (Ciudad de la Muela), la Wadi-Xaux (Ciudad del río), la Baxangus (Tierra de vides), la Baled-Ays (Tierra de Santos), entre otras más, de los árabes a partir del siglo IX. Y, en los siglos siguientes, enlazando con la dominación cristiana, a partir del XIII, nuestra ciudad fue reconocida por Batalioz, Badaliox, Badalios, Badalloz, Badajos, Baldajoz, Badajioz, Badaioz, Badallouce, Badallouco... Nada de particular, habida cuenta de que el idioma escrito, el romance castellano, no estaba consolidado en esos tiempos, con lo que cada cronista escribía de acuerdo a sus peculiaridades étnicas y culturales.
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Jornada gratísima en el Día de Extremadura
De gratísima tengo que calificar la jornada que
vivimos ayer en Badajoz con motivo de los actos del
Día de Extremadura. La excelente temperatura y el sol
radiante nos acompañaron todo el día. Por lo que desde
bien temprano fueron numerosos los badajocenses que
salieron a las calles y plazas céntricas de la ciudad
para seguir los acontecimientos del día, actos que
estuvieron organizados por la Concejalía de Cultura
del Ayuntamiento badajoceño. Por este motivo, algunos
de los rincones más emblemáticos de la ciudad
(especialmente, el paseo de San Francisco y las plazas
de España, de Minayo, de San Antón y la plazuela de la
Soledad) se vieron especialmente concurridos. Y todo
para seguir las evoluciones del certamen de pintura y
las actuaciones folklóricas y musicales programadas.
Alrededor de medio centenar de pintores de todo tipo
(profesionales y aficionados, locales y forasteros,
jóvenes y gente menuda) se distribuyeron por estos
lugares para reflejar en sus lienzos algunos de
nuestros más hermosos rincones. Y fueron muchos los
curiosos vecinos que se agolparían al cabo del día
junto a sus caballetes. Nadie quería perderse cómo se
pintaban los cuadros. Como también fueron numerosos
los que siguieron las actuaciones del grupo folklórico
Renacer y de la Banda municipal de música. Por lo que
en San Francisco fue una gozada ver sus paseos, bancos
y veladores repletos de ciudadanos al tanto de las
actuaciones. Mi parienta y yo estuvimos en el popular
paseo siguiendo la celebración extremeña desde
mediodía, teniendo ocasión de saludar a muchos y
buenos amigos y conocidos, como los omnipresentes
hermanos Vidarte, Manolo y Enrique, Paco Luján, Paco
Espejo, Juan Antonio R. Méndez del Soto, Julio Mesa,
el viejo trovador cubano, asilado en Badajoz, Manolo
el Cojo, en su silla de ruedas pero sin su sempiterna
gorrita de marino, etc. Nosotros seguimos las
evoluciones de una de las pintoras, la almendralejense
Marisa de la Hera, buena amiga nuestra, que iba
acompañada de su servicial compañero, el cacereño
Avelino Cordero, otro amigo que tal. Y entre la gente,
ocupando los veladores con amigos y familiares, el
Alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, al que saludamos
también, que iba acompañado de algunos de sus ediles,
como Conbsuelo Rodríguez, la cocejala de la cosa
cultural, Nicasio Monterde, el de Hacienda, Miguel
Ángel Rodríguez, el de Deportes y Luis Alfonso
Hernández, el de Juventud. Las actuacioes de mediodía
terminarían con la interpretación del himno de
Extremadura, con algnos presentes puestos en pie. No
sé por qué no se levantó el resto. Sí que echamos de
menos la colocación de banderas o lienzos extremeños
en este lugar, por ejemplo, en el templete de la
música, lugar céntrico de las actuaciones. Y como
siempre pasa, por allí se hicieron visibles algunos
pedigüeños muy conocidos por sus excentricidades, como
El Chiringui y Jacinto el Trompeta, que esta vez se
quedó sin tocarla pues estaba actuando la banda.
También pasó fugazmente otro personaje atípico, el
evangélico Ramón, un gitano bien vestido que suele
verse por la zona del Altozano, gritando a diestro y
siniestro mensajes que no venían a cuento. Eso sí,
siempre con un ardoroso "¡Dios os quiere!". Con Marisa
y Avelino nos sentamos en la terraza del kiosco de los
Martínez y allí estuvimos tomando unas cervezas y unas
raciones hasta las tantas. De lo bien que se estaba,
acabamos "cerrando" el kiosco, para pasarnos luego a
La Marina a tomarnos un cafelito. Y algo que nos
llamaría la atención fue la presencia de muchas
tórtolas entre los jardines, arreates y... farolas del
paseo, y menos de las palomas de siempre. Parece ser
que la veda de estas aves bravías, que lleva tres años
en vigor, está haciendo que se se reproduzcan con gran
facilidad, por lo que están ocupando lugares hasta
ahora poco comunes, como es un medio altamente
urbanizado como Badajoz. Me comentan también que las
tórtolas están "echando" a las palomas de otro de sus
hábitats naturales, el parque de Castelar.
Eran las cinco cuando regresamos a nuestros lares a
descansar algo. Ya en el crepúsculo volvimos a San
Francisco para ver la última actuación, la del Grupo
lírico Lorca, compuesto por tres jovencísimas sopranos
(Celia Sánchez y las hermanas Cecilia y Guadalupe
Muñoz, con el también joven maestro Vicente Antúnez al
piano), que estuvieron magníficos interpetando una
docena de piezas del maestro Granados y del propio
Fedeico Gª Lorca, además de un repertorio de
españolísimas zarzuelas. Tras el fallo del concurso,
volvimos a Santa Marina, acompañados por gentes y
pintores, con sus cuadros bajo el brazo (los no
premiados, claro), comentando las incidencias del día.
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