Un Avisador de Badajoz del siglo XIX

Por El Avisador - 17 de Julio, 2005, 10:28, Categoría: General

Posiblemente muchos no sepan que a finales del siglo XIX hubo otro Avisador de Badajoz, título de un periódico ultramontano e integrista, de los muchos que se editaron en Badajoz por esa época, enemigo de las libertades y del progreso. En las antípodas, por cierto, del presente y que no se parecen en nada, salvo en el títlo. Los azares y las curiosidades que da la vida. Pero como es bueno que todo se sepa, vaya la información adjunta, que he recogido fundamentalmente de la Gran Enciclopedia Extremeña, en su tomo II, pp. 24-25 (Vitoria, EDEX, Heraclio Fournier, 1990), en la entrada que sobre este periódico escribió nuestro querido y recordado maestro D. Fernando Pérez Marqués:
 
El Avisador de Badajoz (1862-1893) salió en principio insertando anuncios y breves espacios informativos, como Sección Oficial, Sección Religiosa (santoral y cultos), Revista Comercial (estado del campo, previsiones de cosechas, precios del grano, vinos, aceite, lanas y ganados, artículos del mercado de abastos, etc.). En su línea de publicación práctica, en ella aparecían anuncios de lo más variado: venta y arriendo de fincas rústicas y urbanas, almonedas, ofertas de sirvientes, nodrizas y mercaderías de las más diversas especies. Se tiraba en los talleres tipográficos de D. Gerónimo Orduña, saliendo los jueves y los domingos, con cuatro páginas a dos columnas, al precio de 2 reales al mes en la capital y fuera, 6 reales al trimestre, pago anticipado, con el derecho de los suscriptores de insertar anuncios gratis.
En 1882 aumenta de formato, saliendo ahora de la Imprenta de D. Emilio Orduña, con la aparición de nuevas firmas, y se aprecia un cambio radical, se acorta su nombre (El Avisador) y se proclama "Semanario Católico".
Ya en su declaración de intenciones, pertenecientes sin duda aun sector influyente del clero local, manifiestan que "aunque no somos progresistas, en el equívoco sentido que dan a esta palabra los políticos, tenemos no obstante mucha afición al progreso legítimo y racional", pronunciándose como "periódico antes católico que de anuncios", advirtiendo a sus lectores que a partir de ese momento no va a limitarse a insertar avisos de interés material, sino que se erigiría en "centinela y guía en el orden moral y religioso", alertando a los sectores católicos de la ciudad "contra todo el que pretenda introducir en nuestra plaza géneros averiados, en cualquiera de las esferas de la vida social, menos en la política". A partir de entonces El Avisador sostendría "una campaña implacable y casi sañuda contra las personas y las publicaciones desafectas a la religión y simpatizantes de la masonería". En el año 1883, a raíz de la aparición del libro El Darwinismo: sus adversarios y sus defensores, de D. Máximo Fuertes Acevedo, catedrático de Física y Química del Instituo Provincial de Badajoz, apareció una temible sección, "Varapalos", siendo incontables las irónicas y mordaces apostillas que le dedica a lo largo de varios meses. Ruidosas fueron también las polémicas que levantó este diario ultracatólico contra D. Tomás Romero de Castilla, catedrático de Ética en el mismo Instituto, acerca de varios trabajos suyos publicados en Diario de Badajoz y La Democracia, acerca de la bondad de las ideas masónicas. Siguiendo esta campaña de desprestigio personal, arremete también contra otro benemérito profesor de la época, D. Anselmo Arenas, a la sazón catedrático de Historia en dicho Instituto, sobre su libro Curso de Historia de España, cuyo contenido consideró heterodoxo.
 Se defienden ambos autores en sucesivas réplicas, insertas por lo general en Diario de Badajoz, a quien El Avisador cita burlonamente, pero sin nombrarlo, como "el interfecto", haciéndole blanco de emponzoñados vocablos. La polémica se recrudece y El Avisador dispara sus baterías a través de extraños seudónimos: Dña. Melitona, Dña. Pilicarpa Espuelas, Dña. Calixta Centellas, La Baronesa de Cameros o Clara Sistemores. Este último se constituye en el alma mater de la nueva orientación del periódico y que parece ser D. Ramiro Fernández Valbuena, canónigo penitenciario de la Catedral de Badajoz, que llegaría a serlo de la de Toledo y, más tarde, obispo auxiliar de Santiago de Compostela. Tanto es así que "cuando este personaje marcha de la ciudad, el periódico deja de publicarse". La intransigencia de estos eclesiásticos oscurantistas levantó continuas controversias, a veces expresadas con excesiva causticidad, rayana en el insulto, a las que sus adversarios replicaban con igual dureza, creándose así un clima de tensión ideológica, memorable en los anales del periodismo pacense de finales del XIX.
 
Por último, para aquellos que estéis interesados en ampliar los datos aquí expuestos, El Avisador decimonónico puede ser consultado en la importante colección periodística de la época que conserva la hemeroteca de la Real Sociedad Económica Amigos del País, que, por cierto, además de su sede tradicional en Badajoz (calle Hernán Cortés, 1) ha abierto otra recientemente, más céntrica, en la calle de San Juan, siendo en la actualidad la única Institución privada en Extremadura que ofrece al público dos bibliotecas.

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