¡Oh, es él!

Por El Avisador - 17 de Julio, 2005, 2:33, Categoría: General

El 30 de junio fue el último día de escuela de mi parienta Pili, tas cuarenta años en las aulas, los 25 últimos con los payos y los gitanillos del Colegio San Pedro de Alcántara, en pleno corazón del Casco Antiguo de Badajoz. Así que a mediodía decidimos salir a tomarnos unas copas por el barrio de Santa Marina. Y elegimos el Bar La Aldaba, lugar de concentración del mocerío de Badajoz, un día sí y otro también. Razón: el grato ambiente, la música moderna y, por y sobre todo, por los platazos de aperitivos que te ponen: dos o tres con cada copa, pero hasta arriba, amigos. Bien ganada fama tienen los de La Aldaba, uno de cuyos socios, José, es buen amigo.
En esto que estábamos dándole a un buen macabeo A. R. (ya lo sabéis, de antes de la Refinería), cuando le vimos entrar. Era él.
--¡Oh, es él! ¡El único! ¡El incomparable! ¡El exclusivo! ¡El magnífico! ¡El sublime! ¡El omnipresente! ¡El inimitable! ¡No hay otro igual!, me digo para mis adentros.
--Pero, ¿qué te pasa, que te has quedado como embobado?, me saca de mis casillas la parienta.
--Pues que es él...
--¿Y quién es él?
--Y viene para acá.
--¿Pero quién es, muchacho?
--¿Quién va a ser..., ÉL?
--¿Y...?
--¡Pues quien va a ser, el único, el incomparable..., Manolo Guerrero Carrasco!
--Manolo, siéntate y tómate una copa con nosotros.
Y el baranda, comercial y publicitario de pro, muy paladinamente y como mandan los cánones del alto protocolo, que me suelta:
--¿Me invitan a tomar una copa, entonces me aceptan, no?
Para que le dije que sí. No había terminado de pronunciar el monosílabo cuando nuestro Manolo que toma asiento en sus reales y aquello fue lo que no está escrito en los papeles. Que nos empieza a contar otra vez su vida, la historia de su familia, sobre su abuelo, sobre los masones, los rosacruces, Mario Conde, los bancos en España, los grupos de poder que cortan el bacalao en este país....
A todo esto, que quise meter baza varias veces, y que si quieres arroz, Catalina. Imposible matizar nada. Manolo, ÉL, era un torbellino desbocado hablando de paisanos, de don Julio Cienfuegos Linares y don Francisco Rodríguez Arias, sus maestros, a quienes adora, de lo difícil que está la vida, de alta economía, etc., etc. Y yo, arrobadito, oyéndole sin pestañear. Todo un tratado de Gramática parda, Política interna, Antropología, Pedagogía, Economía, Masonería y ciencias afines, Publicidad, Protocolo Real, y como hace poco estaba el Gobierno en pleno en Extremadura, de los servicios de Protección, de la Guardia Civil y de no sé cuántas cosas más. Un fenómeno, vamos. Un tratado ambulante sobre la vida, la ilusión y el deseo de grandeza, a partes iguales.
--Anda que si yo hablara...
--¿Y.....?
--¡Pero es que no puedo hablar, por ahora...!
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Si yo me escribo con la Casa Real...
--?????????????
--¿Te traigo los papeles? ¡Voy ahora a casa y los ves, que veas que no miento!
Así, una hora y cuarto, colegas. ¿Se puede aguantar ésto? Y yo, sin magnetófono. Imperdonable.
Hacemos como que tenemos prisa, son las tres y media de la tarde ya, y que el andoba que nos acompaña y nos sigue dando el discurso de su vida, de sus maestros, de esto y de lo otro.
--Adiós, don Pedro y señora.
Faltó la reverencia. Memorable, para la Historia. Este hombre debería estar subvencionado por Cultura, por el Ministerio, por la Junta y por el Ayuntamiento. Una joya, una pieza de museo. Es Manolo Guerrero, el único, el inimitable... Es él.

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