Correrías por la Universidad

Por El Avisador - 17 de Julio, 2005, 10:44, Categoría: General

Recordando ahora el final de curso, en la última semana de junio, y cuando me aprstaba a salir de casa a comprar el pan y a los recados de cerca, recibo una llamada telefónica de mi amigo Javier Marcos, que quiere que le acompañe a la Universidad, aquí en Badajoz, a unos asuntos suyos. Pero yo le digo que tengo que llevarle antes a Juanma Cardoso mi artículo para la Revista de Ferias, que saca el Ayuntamiento todos los años en vísperas de San Juan. Como da la casualidad de que Javier también tiene que pasarse por el Ayuntamiento a corregir su colaboración, entregada con anterioridad, pues nos vemos, cogemos el coche y nos damos un garbeo por la Universidad. El asunto, algo largo de explicar, pero se refería a un intercambio con una Universidad portuguesa en el área de Antropología Social aplicada, y el papeleo, por culpa de los informales (burocráticamente hablando) portugueses, había cogido fuera de juego a nuestro amigo. Así que, de forma frenética, hubo que hacer mil y una gestiones para que las cosas volvieran a su cauce. Pero estando donde estábamos, era obligatoria una visita a nuestro amigo Julio Yuste, secretario del Consejo Social de la UEx y miembro de nuestro Grupo. Por si las moscas, eché en el morral un ejemplar de mi libro sobre los Carnavales de Badajoz que llevaba en el coche, hacía tiempo que quería verle para regalarle el libro. Ya a la entrada del Rectorado, un grupo de profesores que salen en tropel y que nos saludan. Es Florentino Blázquez, el que fuera jefazo perpetuo del ICE, ahora en la Universidad de Mayores, etc., que nos espeta a bocajarro:
--¿Dónde van los antropólogos?
--Pues...
La verdad que el antropólogo es Javier y uno es un modestísimo estudioso de algunos rasgos de la cultura pacense, en su vertiente etnográfica, pero me satisface que me identifiquen como amigo suyo y afín a los estudios antropológicos, la Antropología.
Subimos al rectorado y, en la antesala, un personaje singular de este Badajoz: nada menos que Tomás Peña, otro de los hombres polifacéticos en el campo de lo popular: flamenco, Semana Santa, Carnavales... Todos lo conoceréis (además de por su oronda figura) cuando sale en las filas de las Juntas de gobierno de las Cofradías: es el que mejor viste, el que mejor lleva los guantes, el que mejor porta la vara... Y a la hora de cantar saetas, un encanto de criatura.
Total, que entramos en el despacho de Julio y los saludos y abrazos de rigor. Julio es un tipo grandullón, con una bondad y una generosidad que le desbordan. Yo le llamo Julito, le gusta la cocina y sabe de yantares lo que no está escrito, siendo un especialista consumado en la cocina extremeña. Con Javier mantiene una estrechísima amistad, de años. Conmigo, algunos menos, pero a mí cuando me ve por la calle me llama siempre Pedrito. Es, con otro antiguo vecino de mi familia en San Roque, la única persona en Badajoz que me llama así. ¿No es para emocionarse? ¡Si así es como me llamaba mi madre, la señá Sima (q. e. p. d.), hasta ya bien madurito!
A Julito, personaje sencillo donde los haya, a pesar de los altos cargos que ocupa, me lo veía siempre en mi barrio, con su viejo maletín en la mano, en la Frutería Toñi comprando su cuarto y mitad de espárragos, cuarto de ajos, cien gramos de pimienta colorá, tres chirimoyas, dos ajos grandes..., para sus guisotes, que de eso sabe lo suyo.
Pero, menos rollo, Rebollo. Que voy y le suelto mi libro, con muchas fotos y muchos colorines.
--Pero ahora me lo firmas, me dice con la seguridad del que recibe muchos libros de autores caros y de postín.
--Sí, pero ya sabes..., balbuceé.
--Sí, ¿lo del Avisador?
El tío se lo sabía porque se lee todos los avisos. Total que mientras le firmo unas letras, que se levanta y se va derechito a su biblioteca, repleta de libros. Julio, por si no lo sabéis, es, además de fundador, uno de los miembros más distinguidos de la Unión de Bibliófilos Extremeños.
--A ver, Pedro, coge los que quieras...
--Pero...
Me había cogido desarmao. Javier, que es pájaro viejo y ratón de biblioteca, y que ya había estado otras veces, que no se lo piensa dos veces y busca algunas piezas que le falten en su biblioteca. Como uno también pertenece a la UBEx, sus libros también los tengo yo. Con que, después de varias búsquedas, que me da el recentísimo Homenaje a Mario Vargas Llosa. Día del Bibliófilo. Almendralejo 2005 (Badajoz, Tecnigraf, 2005) y yo cojo un ejemplar de Ensayistas Extremeños contemporáneos, discurso leído por Manolo Pecellín en su recepción pública como académico (23 de abril de 2005) (Badajoz, Indugrafic, 2005). Libro, por cierto, que me "debía" el nuevo académico, pero ¿cómo se va a acordar de este latoso Avisador, todo el día dando la lata?
--Pedro, coge los que quieras, me vuelve a animar Julio a la vista de mi timidez.
Conque cojo dos tochos de la Colección Estudio de la Editora Regional de Extremadura, que no tengo: La Revista de Extremadura (1899-1911), de Esteban Cortijo (Coord.) (Badajoz, Tajo-Guadiana, 2001) y el Vocabulario tradicional de Extremadura. Léxico de la Agricultura y la Ganadería, de José Antonio González Salgado (Badajoz, Aprosuba, 2003).
Así que con cuatro libros en el morral, más contento que unas pascuas.
Y Julio, que vuelve a darle otra vuelta a su biblioteca y que me saca un tocho de cocina que es una joya bibliográfica: La mesa moderna, del Doctor Thebussem (Sevilla, Sadiel, 1994), conteniendo un delicioso epistolario sobre gastronomía entre dos escritores de la época (finales del XIX), que firmaban con seudónimos, el Doctor Thebussem (Mariano Pardo de Figueroa), por una parte, y Un Cocinero de S. M. (José Castro y Serrano), por otra. Y con un prólogo del famosísimo Xavier Domingo. El libro viene en una caja de protección.
Ante las cariñosas protestas de Javier, que no tiene el libro y que no encuentra otro ejemplar, el Julio que va y dice:
--Estos libros son para este muchacho, se lo merece.
¡Se refería a mí! ¡Y me llamó muchacho! ¿Lo adopto como padre o no?
--No te preocupes, Javi, que me hago de otro para tí, tranquilizó al amigo.
Con que ya nos disponíamos a salir, cuando me da el viaje refinitivo, un librito raro y creo que escasísimo de encontrar: La Escvela de Medicina del Monasterio de Gvadalvpe y el controvertido origen de las avtopsias clínicas, autoedición del ilustre e ilustrado galeno pacense Agustín Muñoz Sanz (Badajoz, Tecnigraf, 1996), con ocasión de la I Jornada Hispanoamericana de Anatomía Patológica, La Habana (Cuba). El librito, de 46 páginas, contiene, increíblemente, un gran número de grabados y fotografías a todo color.
¡Vaya jornada, Señor! Seis libros en mi morral en el transcurso de una grata visita. Todo un récord... de cariño y amistad, Julio. Y el Javi, con algunos menos, también se llevó su ración, sobre todo un tocho dedicado al fútbol para su hijo, un fiebre del deporte (futuro periodista, quizás) a pesar de su extremada juventud.
Quedamos en repetir la visita para el próximo curso y ahora el que está en deuda soy yo. Pero haremos lo que se pueda, hermanos, que uno no es Antonio Gala ni Pepe Vela (ni Manolo García, claro está) y cuando saca un libro, si es que lo saca, es cada 6 años. ¡Y gracias!
¿Y lo del pan, muchacho? Pues..., ¡a sacar pan congelado de la nevera otra vez!

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