De camino hasta la Plaza de España

Por El Avisador - 9 de Julio, 2005, 11:56, Categoría: General

Los que vivimos en Santa Marina y otros barrio alejados del centro histórico de Badajoz, dependiendo de nuestra procedencia, solemos coger diariamente diversas rutas en dirección al corazón de la ciudad. Rutas, algunas de las cuales nos llevan casi en línea recta hasta el Ayuntamiento, la Catedral, San Juan, la Plaza Alta, etc. Me estoy refiriendo, concretamente, a las avenidas de Colón, de Huelva, de Europa y del Pilar (no a la Ronda) o a la calle de Rivilla, junto a la nueva plaza de Toros. Sin olvidarme del Puente de Palmas (vía peatonal, no lo olvidemos), que, empalmando con la calle De Gabriel, entre otras, te deja en un santiamén en las entrañas de nuestro Badajoz. Pero con ser importante lo que digo, más importante es la vitalidad de estas calles, el ajetreo con las idas y venidas de la gente a sus quehaceres, la afanosa actividad de sus tiendas y comercios, los centros administrativos e institucionales que encuentras a tu paso y, sobre todo, el encuentro con personajes peculiares de la ciudad, muy populares o conocidos todos ellos. Encuentros que, en la mayoría de las ocasiones, da lugar a un intercambio de saludos y, casi siempre, a un rato de tertulia. Lo que un viandante normal, sin pararse, tardaría unos 10 minutos en alcanzar el Centro, con ellos se te va la hora. Pero toda una delicia, que merece contarse.
Cuando dejo el Ancla de El Corte Inglés y cruzo el paso de peatones de la Avenida de Santa Marina, me topo con dos personajes singulares: Confite, el chico para todo, el de Tejidos Poves, que te saluda educadísimamente mientras va para arriba o para abajo, algunas veces con su famosa bicicleta, y Manolo Laja, el polifacético vendedor de cupones, a quien acompaña a veces su esposa, y que te saluda antes de que tú te des cuenta.
--¿Qué tal estás?
¿Te ve o te siente?
Vamos por la avenida de Huelva, la gente con prisas, y tras pasar Correos, en el rellano de la calle de su mismo nombre, frente por frente del Colegio General Navarro, te encuentras a casi todo el mundo: a Alberto González, el de la pipa, que no se sabe si va o viene, pero te para, te saluda y te da media hora de amena charla, a Álvaro Meléndez, el que lleva hechos más kilómetros que el baúl de la Piquer enseñando la ciudad a la gente, a Juan Martín y Joaquín Rodríguez, los barandas de la Junta de Cofradías, que pasan con sus carpetas repletas de cartas, avisos, revistas y lo que haga falta sobre su Semana Santa del alma, a Antonio Álvarez Joven, abogado y aficionado preclaro a la náutica, patrón de barcos y yates...¡en Badajoz, puerto seco!, a Ángel Robles, el veterinario y hermano mayor que fue de la cofradía de Bótoa, etc., etc.
Ya en la fachada principal de Correos, si tienes que entrar, siempre te encontrarás a una vieja gitana, enlutada hasta las cejas, que te pide algo. Y como no le hagas caso, ya sabes:
--Pos mal cáncer te coja.
Ya por San Francisco, via de asueto pero también de paso, puedes toparte con El Nervio y su cuñado El Chiringui, bailaor de tronío que fue. O a Miguel Murillo, el mandamás del López de Ayala, que baja de su oficina a tomarse un café en el cercano kiosco de los Martínez (Miguel y Curri) con artistas, directores y demás gente de la farándula. También por aquí suele verse al alcalde Miguel Celdrán, a mediodía, que viene del Ayuntamiento... ¡y sin escolta ni puñetas!
Otro personaje popular que podemos toparnos por esta zona es Jacinto Sánchez El Trompeta, que va tocando al paso y te echa todo su buen repertorio: aires castizos españoles, canción italiana de los 60, los himnos del Madrid y del Barsa y, según las circunstancias y las horas, ¡la Internacional, la Marcha Real y el Cara al Sol! ¿No es para que lo subvencione Cultura?
Seguimos adelante como podemos y por la plaza de Minayo puedes encontrarte con don Apolonio Noriega, con su cigarrillo emboquillado, uno de los últimos curas pacenses de sotana preconciliar, organista de lujo en la Catedral, capellán del C. D. Badajoz, de todos los pescadores, de la Policía y no sé de cuánta gente más. El de las misas de un cuarto de hora. Te paras con él y le preguntamos por la salud, la vida, la jubilación y esas cosas. Subes por la calle del Obispo y te cruzas con José Luis Villares, experto flamencólogo y maestro de escuela que fue de la Aneja, con su abultada carpeta bajo el brazo. Algo estará tramando con la Diputación. O con La Kaíta  (Mª Ángeles Salazar) y Domingo Rodríguez, El Madalena, dos de los grandes cantaores flamencos pacenses, y Andrés Lope, el San Pancracio de Ad Libitum, con su flamante cámara al hombro, que trabaja para Localia TV.  Llegamos sin resuello a la plaza de España y aquí te puede pasar de todo. Olvídate de los recados que tienes que hacer cuando te encuentras con los hermanos Vidarte (Manolo y Enrique) o con su primo Juan Carlos. Atípicos fotógrafos donde los haya. La media hora no hay quien te la quite. O con don Cristino Portalo, otro cura de sotana y con web en Internet, el tío, que se conoce la Catedral como la palma de su mano. O, cuando estaba en sus buenos tiempos, no ha poco, con El Jerezano (Victoriano Montes Vargas), rodeado de su clan familiar, amigos y curiosos, todos de etnia gitana, que ahora está el pobre tratándose de una difícil enfermedad. O con el Juanma Cardoso, cuando se escapa del Ayuntamiento un momento porque lo tienen agobiadito en su sala de Prensa con tanta visita desde las 8 de la mañana. Si el hombre está más solicitado que el Alcalde... O con Juan Antonio Rodríguez Méndez del Soto, alias Carlos Malasombra, que no se sabe si va o viene con tantos caldos... culturales en donde anda metido. Pero el golpe refinitivo te lo puede dar el ínclito Manolo Guerrero, con su carpeta bajo el brazo, el relaciones públicas y publicitario que trabaja en la oficina de Luis Poblador, que, si te engancha, te cuenta la historia de su familia, quién fue su abuelo, la casa donde nació, sus amistades, sus maestros del alma, don Julio Cienfuegos y don Francisco Rodríguez Arias, de los masones y rosacruces que hay en Badajoz y en Portugal, de los tiempos de la UCD, del Presidente del Gobierno, de la Casa Real, etc., etc.
--Anda que si yo te contara...
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Lo que pasa es que en Badajoz no se puede hablar de ciertas cosas...
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
¿Y de los recados que tenía uno que hacer? ¡Ah!, ¿pero tenía que hacer recados? Dos horas he tardado en llegar a la plaza de España. Estoy hecho polvo, hermanos. Cansado pero contento. En pocos sitios de Badajoz puede encontrarse uno tanta diversidad y tanta calidad humana.
Pero ¿no ibas a contar algo de la gente que hay de la calle San Juan arriba, hasta la plaza Alta?
Imposible, hermanos, otro día será, que estamos en Feria y hay que recuperarse. Voy a coger el morral y me voy p'al Centro como todos los días. Me espera la señá Pili en la plaza del pueblo y sea lo que Dios quiera.
 
EL AVISADOR

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